La depresión es una mierda.
De primeras, oír esto te puede parecer una obviedad, pero no lo es tanto.
Hay gente que piensa que la depresión es vagancia, falta de motivación y, lo peor de todo, que la eliges.
Si eres la típica persona que piensa que las enfermedades mentales se eligen, eres tonto. Lo siento.
Porque lo primero que piensas cuando te dicen que tienes una enfermedad mental es: «¿Por qué?”.
No hay respuesta a esa pregunta.
Realmente es algo que pasa; puede ser un conjunto de traumas pasados que no se han gestionado bien. También puede ser ansiedad que arrastras durante mucho tiempo y no sabes tratar.
Yo no sé por qué tengo depresión. Lo puedo suponer, porque desde hace varios años mi vida no es fácil. Pero ese es un melón que abriremos en otro momento.
En fin, os puedo contar cómo es mi depresión, y os podéis sentir identificados o no, porque para cada uno es diferente. Realmente todos somos tan diferentes que nuestras enfermedades también lo son.
La definición técnica de depresión es esta:
“Describe un trastorno del estado de ánimo, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y acontecimientos de la vida cotidiana.”
No es por ir de sobrada, pero creo que tengo una definición mejor: Vivir con ansiedad y depresión es como estar asustado y cansado al mismo tiempo.
Es el miedo al fracaso, pero no te urge ser productivo.
Es querer tener amigos pero odiar socializar.
Es querer estar solo, pero no querer sentirte solitario.
Es que te importa todo, pero no te importa nada.
Es sentir todo junto, pero sentir un entumecimiento paralizante.”
Eso es la depresión: sentir todo y nada a la vez.
Yo os puedo contar cómo es mi depresión. Mi depresión es un peso en el pecho, como un camión, digo yo siempre. Es algo que te deja como un peso muerto en la cama.
Para mí, vivir con depresión es como tener una sombra permanente. Es oscura y te sigue a todos lados. Te grita todo lo que haces mal, te recuerda que siempre estará ahí, persiguiéndote y haciéndote sentir miserable.
La mía, por ejemplo, siempre mira por encima de mi hombro. No me deja olvidarme de mis inseguridades ni de mis miedos.
La siento en el pecho, apretando. No me deja respirar, latente, al acecho. Sobrepensando cada cosa, cada detalle.
La sombra no te deja hacer nada sin reproducir previamente en tu mente todos los escenarios posibles, y resalta muchísimo los malos. Es algo tan duro que realmente te hace sentir ganas de morir. Suena horrible, porque lo es.
Y algunos podréis pensar que soy una exagerada, pero pensáis eso porque es muy difícil escuchar a una persona decir que desearía estar muerta.
Pero a veces pasa. Esta enfermedad te hace querer morir. Deseas desaparecer del planeta, dejar de sentir todos esos sentimientos abrumadores.
Otro día puedo contaros mi experiencia con el suicidio y esos horribles pensamientos. Pero por hoy, creo que ya basta de pensamientos depresivos.
Daniela.